martes, 27 de enero de 2015

Dieta alta en grasas y azúcar es dañina para el cerebro


Muchos científicos creen que los factores sociales, como la publicidad, se han combinado para crear un ambiente en que las tentaciones para comer han desbordado la capacidad biológica natural de nuestro cuerpo para controlar qué y cuánto consumimos.

En el núcleo del problema es el hecho de que muchos de los alimentos que nos es imposible resistir, no son saludables. Algunos de los alimentos más atractivos y populares de nuestro entorno contienen altas cantidades de grasas saturadas.

En los últimos años, muchos científicos han informado de que el consumo de una dieta occidental y el aumento de peso corporal excesivo puede tener efectos nocivos sobre los cerebros de animales y humanos. Por ejemplo, algunas investigaciones sugieren que los adultos de mediana edad con sobrepeso tienen un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer y otros tipos de demencias cognitivos en edad avanzada en comparación con las personas de peso normal.

La investigación reciente ha demostrado que la alimentación de ratas con una dieta con niveles de grasas saturadas y azúcar iguales a los de una dieta occidental debilita la barrera hematoencefálica (BBB), lo que permite que las sustancias potencialmente dañinas puedan pasar al cerebro.


Cuando sucede esto, el hipocampo se inflama y tiene cambios en su actividad electroquímica. Las ratas que sufren estas consecuencias también muestran déficit en su capacidad de utilizar ciertos tipos de información procesada por el hipocampo.


Las ratas y las personas que han sufrido daños en sus hipocampos parecen tener dificultades para usar las señales internas para decidir si se sienten llenas o no. En la presencia de señales potentes en el ambiente que te tientan a comer, una disminución de la capacidad de utilizar la información del cuerpo sobre la saciedad puede conducir a comer en exceso.

El resultado podría ser un círculo vicioso en el que comer una dieta occidental produce disfunción del hipocampo que debilita la capacidad de utilizar las señales internas para contrarrestar la ingesta de alimentos. A medida que el hipocampo se deteriora, la gravedad y el alcance de los déficits de aprendizaje y memoria también aumentan. El resultado podría ser no solo obesidad, sino también un grave deterioro cognitivo.




FUENTE: IFL Science

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